Los de Alejandro Cutanda se vengan de la afrenta sufrida en la primera vuelta y vuelven a la senda de la victoria
En la liga cada victoria, por ajustada u holgada que sea, vale exactamente lo mismo. Sin embargo, hay partidos que, aunque sólo se traduzcan en dos puntos más en la clasificación, tienen un valor distinto en muchos otros ámbitos igual de importantes en una competición tan larga como es, en este caso, la de la División de Honor Plata del balonmano nacional. Por ello, el triunfo por 36-23 del Balonmano Servigroup Benidorm ante el Málaga debe leerse, obligatoriamente, desde prismas variados.
El primero y más importante, claro está, es el meramente deportivo, el que se refiere a lo visto sobre el 40×20. Ahí, esta 18ª jornada de competición (la tercera de Alejandro Cutanda al frente del banquillo) evidenció un antes y un después para un Balonmano Servigroup Benidorm que parece haber dado un paso de gigante en su comunión con los preceptos de su nuevo entrenador.
Tras un inicio algo dubitativo, con un Málaga volcado sobre la portería defendida por un Samuel Ibáñez que parece no tener techo en su gran momento de forma y confianza, el Balonmano Servigroup Benidorm necesitó algo más de diez minutos para terminar de creerse que, pese a jugar en el Pabellón Garganes de Altea, lo hacía como local.
Superada esa barrera, los de ‘Cuti’ se hicieron dueños y señores no sólo del juego; sino también de un marcador en el que pasaron del 8-8 al 17-8 en diez minutos de auténtico huracán que dejaron el partido más que encarrilado.
Ya en la segunda mitad, el Balonmano Servigroup Benidorm supo hacer lo que tocaba, es decir, administrar esa gran ventaja con la que se marchó al descanso de la manera más inteligente, que pasaba por impedir que el Málaga se acercara de forma peligrosa en el luminoso y, a la vez, asumir el mínimo desgaste posible tras una semana tan intensa como la que han tenido los jugadores locales, para llegar al final con ese marcador de 36-23.
La otra lectura, no menos importante, que se saca de este partido es la sensación de haber saldado cuentas con dos pesadas mochilas. La primera, claro está, es la que representaba un rival, el Málaga, que se había convertido en la bestia negra de los benidormenses este curso tras las dos derrotas cosechadas en la ciudad andaluza tanto en liga como en Copa.
La segunda, muy psicológica, la de volver a la senda de la victoria y hacerlo, por vez primera (tras el empate ante Oviedo y la derrota en Sagunto) con Cutanda en el banquillo. Ahora, tocará confirmar las buenas sensaciones dentro de una semana visitando a otro equipo de la zona baja como es el Soria.
